11 de agosto de 2017

LOCOS POR EL SEÑOR

Reflexión homilética para el XIX domingo del Tiempo Ordinario, ciclo A

El gran Elías es un modelo para todos nosotros. Fiel hasta la locura a la misión que Dios le había confiado, soportó todas las dificultades desde el inicio como profeta hasta que un carro de fuego lo arrebató.
Elías fue el representante de los profetas que se apareció en el Tabor, junto con Moisés, en la transfiguración de nuestro Señor Jesucristo.
Fue fiel. Acabó con los sacerdotes que daban culto idolátrico a Baal. Precisamente por esto Jezabel, la reina, amenazó a Elías con matarlo “antes de mañana”.
Tuvo que huir. En el desierto el Señor le envió un ángel que le dijo:
“Levántate y come”.
Rico pan y agua fresca.
Segunda vez lo despertó el ángel y le repitió:
“Levántate y come, que el camino es largo”.
En este alimento los Santos Padres ven un símbolo de la Eucaristía que todos necesitamos para caminar por el mundo, porque el camino hacia la Patria es largo.
“Cuarenta días y noches” caminó por el desierto Elías.
Esto nos recuerda los cuarenta días que Jesús estuvo en el desierto y cómo también los ángeles le servían.
Llega Elías al monte Horeb (el Sinaí). Dios se manifiesta en la brisa suave y no entre truenos o terremotos, como en otras ocasiones. El Señor le pregunta: “¿qué te trae por aquí?”.
Elías dice su verdad: “ardo en celo por el Señor”. Es como decir “me trae la pasión por mi Dios”.
En realidad ese era el resumen de la vida del profeta Elías: loco por Dios.
Amigo, ¿vives tú apasionado por Dios?
¿Es Dios el amor de tu vida?
Con esta explicación entenderás mejor la parte del libro primero de Reyes que leemos hoy.
*       Salmo responsorial (84)
Misericordia, fidelidad, justicia y paz.
Este es el canto del salmo responsorial que nos presenta a Dios y nos invita a escucharlo:
“Voy a escuchar lo que dice el Señor: Dios anuncia la paz a su pueblo… La misericordia y la fidelidad se encuentran, la justicia y la paz se besan… La justicia marchará ante él, la salvación seguirá sus pasos”.
*       Lectura de la Carta a los Romanos
San Pablo enamorado de Cristo no dejó de amar a su pueblo Israel y nos da una prueba de su amor llegando a decir: “siento una gran pena y un dolor incesante en mi corazón pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo”, es decir, que estaba dispuesto a condenarse para salvar a los de su raza. Solo un loco de amor puede decir esto.
*       Evangelio
El Evangelio de San Mateo nos enseña cosas muy importantes de la vida de Jesús. Veamos brevemente:
+ Jesús ha dado de comer a la multitud y apura a los discípulos para que se vayan en la barca a la otra orilla.
+ Él despacha a la gente porque busca la soledad.
+ Él solo sube al monte y permanece toda la noche en comunicación con su Padre.
Tenemos que aprender de Jesús a buscar tiempos largos para la oración.
+ Los discípulos reman contra el viento y se hace larga la llegada a la otra orilla.
+ Jesús, quizá con un tanto de humor, se acerca a ellos caminando sobre el agua.
Ellos se asustan.
Jesús los anima: “Ánimo, soy yo, no tengan miedo”.
+ Pedro, impulsivo como siempre, le pide caminar sobre el agua. Jesús le dice: “Ven”.
Cuando Pedro se ve caminando entre la barca y Jesús, se le apaga la fe y empieza a hundirse.
Sin embargo de nuevo le brota la fe y le dice: “Señor, sálvame”.
Jesús le advierte: “Qué poca fe. ¿Por qué has dudado?”
+ El Evangelio de hoy termina con un acto de fe impresionante por parte de los apóstoles que al haber contemplado a Jesús y a Pedro, exclamaron:
“Realmente eres hijo de Dios”.
Amigos, ¿hasta dónde llega nuestra fe?
¿No seremos un poco como Pedro que cree… duda… vuelve a creer…?
Señor Jesús, aumenta nuestra fe.

José Ignacio Alemany Grau, obispo

4 de agosto de 2017

LA VOZ DEL PADRE EN LA TRANSFIGURACIÓN: ESCÚCHENLO

El misterio de la transfiguración de Jesús del que hablamos hoy encierra maravillas que no solamente se refieren a Jesucristo, sino como dice el prefacio de este día, es para alentar “la esperanza de la Iglesia, al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el Cuerpo que le reconoce como Cabeza suya”.
Entre los miembros de este Cuerpo estamos tú y yo, ¿no es cierto?
1.             La visión de Daniel
En la visión de Daniel de la primera lectura, aparece “un anciano… su vestido era blanco como la nieve y su cabello era como lana limpísima”.
Sin duda quiere representar a Dios mismo con características que manifiestan su grandeza y eternidad.
Daniel durante la “visión nocturna vio venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre que se acercó al anciano y se presentó ante él”.
Seguramente has recordado las palabras de Jesús ante el sanedrín cuando solemnemente dijo:
“Desde ahora veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene sobre las nubes del cielo”.
Este es Jesús que se llamó a sí mismo Hijo del hombre y que hoy Daniel dice que “le dieron poder real y dominio. Todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno”.
Este es el Jesús que hoy nos presentará, aunque de manera muy breve, el Evangelio de la transfiguración.
2.            El salmo 96
Nos habla del señorío de Dios y por tanto de Jesucristo que es Dios. Precisamente para resaltar la grandeza de Jesús se pone hoy este salmo:
“El Señor reina Altísimo sobre toda la tierra”.
Esta es la parte que repetiremos todos con fe, mientras el lector continúa resaltando la belleza de su reinado:
“El Señor reina, la tierra goza, se alegran las islas innumerables…
Porque tú eres, Señor, altísimo sobre toda la tierra”.
Glorifiquemos gozosos al Hijo de Dios como hoy nos pide nuestro Padre Dios.
3.            San Pedro
En su segunda carta San Pedro, recordándonos que él estuvo allí presente, alude a la transfiguración con estas palabras:
Jesucristo, “Él recibió de Dios Padre honra y gloria cuando la sublime gloria le trajo aquella voz: ‘este es mi Hijo amado, mi predilecto’”.
Al recordar estas palabras del Padre Dios a Jesús, Pedro nos anima a fiarnos de las Escrituras porque han sido inspiradas por el Señor.
4.            Versículo aleluyático
Nos recalca las palabras del Padre en la transfiguración. Es de advertir que en este momento el evangelista añade una palabra muy importante al mensaje del Padre en el bautismo de Jesús.
Esta palabra es un mandato: “¡Escúchenlo!”
Tenemos que meditar largamente este mandato del Padre, puesto que el Verbo de Dios encarnado es la Palabra engendrada en la eternidad por el Padre Dios y ahora nos la entrega para que en ella podamos conocer todo lo que Dios quiere de nosotros.
5.            Evangelio
Examinemos la escena que nos presenta hoy San Mateo.
Los tres discípulos han subido con Jesús a un monte alto que es el Tabor.
En un momento de oración, sin duda, hay una manifestación trinitaria que resalta la grandeza de Jesucristo.
“La nube” que lo envuelve todo, como en otras manifestaciones, es el Espíritu Santo.
En ese momento se oye una voz que, por lo que dice, sabemos que es del Padre:
“Este es mi Hijo amado, escuchadle”.
La segunda Persona aparece resplandeciente con belleza más divina que humana.
Por otra parte, como en sumisión a la Palabra del Padre, aparecen los representantes de la ley y los profetas, Moisés y Elías, conversando con Jesús sobre su muerte.
Se ve a los discípulos derribados en el suelo, impresionados, ante la grandeza de tal manifestación.
Está claro que con esta Transfiguración Jesucristo quiere fortalecer la fe de sus apóstoles para el momento de la pasión y crucifixión.
Por eso se explica que cuando acaba todo, Jesucristo dice a sus apóstoles:
“No contéis a nadie la visión, hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”.
Amigo, meditemos cómo nos enseña la Iglesia que esta transfiguración de Jesús es para todos nosotros la esperanza cierta de que también un día nuestro cuerpo, unido al alma, será transfigurado en el cielo con Dios para siempre.

José Ignacio Alemany Grau, obispo